Señalemos a los culpables correctos

Se veía venir. El americanismo quiere sangre otra vez a costa de repetir los vicios del pasado que distan de ser solución.

Y es que es complicado resistir la urgencia de apuntar a la cabeza equivocada con tal de que alguien pague los platos rotos de un equipo cuyo fútbol raya en la insipidez y que es incapaz de transmitir grandes emociones que nos hinchen el pecho de orgullo.

Para llegar al momento actual de desencanto generalizado, hay que tener buena memoria para evitar una infructuosa cacería de brujas debido a que analizar un poco nos da flojera y mejor apuntar al primero que asome la cabeza como he visto que muchos están haciendo con Solari.

Dejemos la flojera para otro día y veamos un panorama amplio con culpables y sus porcentajes de culpa para la situación actual.

EMILIO AZCÁRRAGA

Porcentaje de culpa: 40%

Todo comienza con el dueño. Emilio quiere a su equipo pero da la impresión que quiere más al dinero que éste genera. Heredó este Club de su señor padre pero la filosofía se fue a la tumba con el Tigre.

En diversos espacios lo he manifestado: las formas carecen de importancia si el equipo es protagonista y sigue generando recursos. Es el único personaje de esta lista que puede dar golpes de autoridad pero ha demostrado exceso de pasividad con la actualidad de su equipo.

Por esta razón es que recibe casi la mitad de la culpa global. Todos los que están debajo de su posición son humildes sigue-órdenes. Si Emilio sigue mirando hacia otro lado en lugar de tomar cartas en el asunto, ninguno de los que siguen en el organigrama lo hará.

Él es el principal culpable de todo lo que pasa, porque nadie tiene poder superior a él.

SANTIAGO BAÑOS

Porcentaje de culpa: 25%

El segundo al mando es Baños. Un tipo que ha conseguido el repudio generalizado de la afición. Ganado con creces, sin duda.

Partamos de la idea de que la agenda de Emilio está llena cada día y el tiempo para dedicar a su equipo es nulo. Deja esta responsabilidad deportiva al Santiago Malo.

Seamos buenos y lleguemos al acuerdo de que Mister Bathrooms tiene cartera limitada y debe gestionar de alguna manera el presupuesto anual del equipo.

El problema ha sido que su gestión deportiva ha sido un desastre. En lugar de procurar hacer un uso efectivo de los recursos y potenciar las zonas débiles del equipo, hemos terminado pagando sueldos estratosféricos a jugadores que suelen vivir lesionados o faltos de ritmo.

Recordar que en la gestión de su amigo, dijo sí a todo incluyendo tener a cuantos familiares del DT Ideal® quiso. Todos tenemos la impresión que su carrera arrancó cuando quedó desprotegido tras la salida de su compinche y quedó de manifiesta su nula autoridad al ser rebasado por Joaquín Balcárcel, brazo derecho de Emilio para tomar decisiones importantes.

Baños ha creado una crisis de talento en Coapa por sus constantes malas decisiones que nos tienen atados de manos para fichar mejores jugadores. En su gestión ha sido complicado desprendernos de malos elementos que ni regalándolos los quieren.

Tiene la cuarta parte de la culpa global porque su trabajo es saber gestionar un equipo de fútbol, tarea que ha reprobado con notas sobresalientes. El peor directivo de la historia.

EL PLANTEL

Porcentaje de culpa: 25%.

Comencemos por lo elemental: Baños los trae y ellos se juntan.

Estamos atestiguando una de las peores generaciones en cuanto a fútbol y carácter. En cada nota de calificaciones se hace énfasis en lo mismo: sin líderes y sin sangre en las venas.

Dicen las estadísticas que el costo de la plantilla azulcrema entra al top 5 de la Liga MX codeándose con Monterrey, Tigres, Cruz Azul y Guadalajara. El problema es confundir valor y costo. Nuestros jugadores son carísimos y su valor no representa ni el traspaso ni sueldo que cuestan a la institución. Es decir, estamos pagando excesos por jugadores de clase media o media-baja pero que cobran estilo clase alta.

Ellos libran el juicio y salen inocentes ante el jurado debido a que han sabido venderse. Nadie puede culparles por saber venderse y pretender recibir el mejor salario que pueden negociar. Lo hacemos todos durante nuestra vida laboral. El problema viene en la cancha.

Los empleados reciben el voto de confianza de que van a hacer lo que han jurado saber hacer. Éste es el meollo del asunto: pocos de los que forman el cuadro titular están honrando el contrato y expectativas firmadas.

Piensa en gente como Jorge Sánchez, Bruno Valdez, Emanuel Aguilera, Richard Sánchez, Sebastián Córdova, Mauro Lainez, Roger Martínez, Nicolás Benedetti, Leo Suárez y Federico Viñas por nombrar algunos de los que deberían estar llevando al equipo a buen puerto. A todos los podemos meter en un contenedor y despacharlos en el siguiente barco a Hong Kong. A ninguno vamos a extrañar.

El América está jugando un fútbol paupérrimo porque los citados son incapaces de alcanzar su mejor versión. Fácil se contagian la apatía entre ellos pero esperar lo contrario es creer en Santa Claus. Imagínate lo que sería el equipo si todos ellos estuvieran en su mejor versión. Que lo hicieran un miserable semestre, pero ni esa alegría son capaces de dar.

Han sido incapaces de corresponder a la confianza que les dio la institución y son culpables hasta el cansancio.

Compartirán el mismo porcentaje de culpa que Baños porque son ellos los que salen a la cancha a defender los colores. Son ellos quienes aunque sea por amor propio, deberían exigirse un poquito. Sin embargo, prefieren evitar los reflectores y que otros se hagan cargo de lo que debería ser su responsabilidad.

SANTIAGO SOLARI

Porcentaje de culpa: 10%

Llegamos a Santiago Hernán y motivo por el cual decidí escribir esta columna. La afición se desespera y cae en la fácil: “seguro es culpa de ese jodido técnico que tenemos”. Al final, se hace lo mismo que se ha hecho con Mohamed, Matosas, Ambriz y Herrera: irse por la fácil.

Tache mayúsculo.

En el fútbol al igual que en diversas situaciones que se rigen por organigrama, todo lo malo recae en múltiples personas o departamentos. La situación azulcrema es un mal estructural y nada tiene que ver con elegir a X o Y elemento en lugar de A o B. Tampoco se soluciona cambiando de 4-5-1 a la alineación que prefieras.

Santiago Solari ha salido puntero a pesar de:

  • Un dueño que no invierte (40% de culpa)
  • Un presidente de papel (25% de culpa)
  • Un plantel de amargos (25% de culpa)

Y a pesar de este panorama global, hay americanistas que piensan que el problema es que “hace cambios tarde”, “usa la misma formación” o “no da tanto chance a los chavos como dijo que haría”.

A Solari le daré escaso 10% de culpa porque ha hecho magia. Es cierto que diferimos en usar la misma formación cada cotejo, que está casado con tipos como Aguilera, Fidalgo, Córdova y que al igual que sus compañeros de profesión, se va a morir con la suya.

Sin embargo, él se preocupa además del rival en turno, por ver si sus dirigidos van a darle una alegría dando un gran partido y por ver si Baños en cada mercado le consigue alguna pieza solicitada. Tiene tantas cosas en contra que es increíble que haya logrado un liderato incontestable.

EL PROBLEMA ES ESTRUCTURAL

Si queremos ver un América que nos encante, hay que dejar los vicios a la hora de repartir culpas. Dejemos esos análisis para los que tienen un año viendo fútbol. Los que tenemos tiempo en esta web tenemos una idea de cómo se manejan los equipos (que tampoco es magia negra).

Lo primero a cambiar sería el tener un dueño al que le interese la imagen de su equipo. Por imagen no nos referimos a hacer campañas sociales y/o no quejarnos del árbitro sino a tener un equipo que provoque temor en los contrarios.

Lo segundo es dar el timón azulcrema a un dirigente capaz y evitar los experimentos estilo Baños. América requiere tipos que sepan lo que hacen en sus filas.

Lo tercero es brindar un plantel con figuras reales y dejar de tirar el dinero en figurines que se esconden cuando comienzan los problemas.

Culpar a Solari cuando la estructura tiene fisuras por doquier es querer hacer lo de habitual: tapar el sol con un dedo.

El potencial de Santiago lo conoceremos cuando haya un mínimo de calidad y coherencia en la parte superior del organigrama y es bajo ese escenario cuando se podrá hacer un juicio objetivo de su trabajo.

Si queremos ver un cambio, debemos cerciorarnos de que estamos apuntando a los personajes correctos e ignorar a ese hígado que insiste en que hay que cambiar la formación para alcanzar el nirvana.

El problema es estructural.

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