NidoAzulcrema
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“Con la voz media ronca les conté la gran jugada del portero americanista”.

NidoCrónicas es un conjunto de historias redactadas por miembros e invitados del Staff de NidoAzulcrema donde, con miras a celebrar el Centenario del Club, nos dan una pequeña muestra de cómo se vive el americanismo.

Hablar del América para mí es algo muy especial. Soy águila de segunda generación por parte de mi padre y tercera del lado de mi madre. Es por eso que le he dedicado mucho tiempo y dinero al club haciendo cosas como coleccionar playeras, en jugar con el equipo en videojuegos, dedicarle trabajos tanto personales como profesionales y, obviamente, ver todos los partidos que pueda, ya sea por televisión o, de preferencia, en el estadio.

Para estas alturas, 32 años y contando, he visto cientos de juegos de los azulcremas en todo tipo de competencias y muchos son dignos de recordar. Es por eso que me resultó complicado cuando me pidieron elegir el más destacado que me haya tocado.

Por ejemplo está la Final del Verano 2002, que fue la primera vez que en realidad me tocaba verlos campeones de liga ya que era muy chico cuando el título ante Cruz Azul de 1989. También estuvo la Final del Clausura 2005, que comandados por el gran Cuauhtémoc Blanco, Claudio “Piojo” López y Guillermo Ochoa se culminó un dominio del torneo mexicano como pocas veces se ha visto en los últimos 25 años.

Entre los Clásicos ante Chivas, Cruz Azul y Pumas también hay varios que puedo mencionar que me marcaron. Todas las veces que los ex millonetas han eliminado a las Chivas de la Liguilla les guardo especial cariño, más porque en casi todas tuve la fortuna de vivirlas en el Azteca. Habría estado también en la Final de 1984, pero mis papás no me llevaron porque sólo tenía un par de meses de vida y sintieron que era peligroso, decisión que aún no les termino de perdonar.

La Semifinal ante los felinos del 2002 fue épica, solté varias lágrimas desde que cayó el gol de Christian Patiño hasta el final del juego. Los Cuartos de Final de 2013 y 2014 ante la UNAM también son motivo de felicidad, así como el Campeón de Campeones de 2005.

columna_pete_6Sin embargo, creo que cierto duelo con el Cruz Azul sería el número uno. Durante los 90, la Máquina fue el verdugo del América un par de veces en Liguilla. Una de ellas cuando Felipe “El Halconcito” Peña cometió uno de los peores errores defensivos que he visto y otra con un golazo de Diego Latorre a finales del partido que terminó dándole el pase a los celestes. Ambas veces lloré.

Las Águilas se la cobraron en las Semifinales de 2005, pero fue en la Final del Clausura 2013 donde en realidad les hicieron pagar, y creo que ese es mi juego número uno del América, y no sólo por el logro deportivo, sino por cómo se consiguió y todo los que estuvimos presentes vivimos.

Ese 26 de mayo comenzó en el departamento donde vivía junto con mi esposa. Salimos un poco más tarde de lo planeado porque su mejor amiga, invitada al juego, cruzazulina de corazón, se tardó. Mi papá, que también acudía, estaba desesperado.

A mi señor padre siempre le ha gustado llegar temprano al Azteca para poder así agarrar buenos lugares. Hasta hace unos meses, casi todas las secciones del Coloso de Santa Úrsula no eran lugares numerados, es decir, si querías un respetable asiento y estar junto con los tuyos tenías que llegar temprano.

columna_pete_5Por fortuna, evitamos buena parte del tráfico y pudimos dejar el coche a las afueras del estadio. Pasar seguridad tampoco fue problema, sin embargo, las tribunas ya fue otro asunto. Los boletos que teníamos eran la zona alta del estadio, pero ésta ya estaba casi al tope y eso que faltaba alrededor de una hora y media para el partido.

La diosa de la suerte una vez más nos sonrió. Mis dos hermanos, junto a mi señora madre y demás parientes que sí habían obedecido la tradicional regla de llegar a buena hora, tenían unos lugares libres y nos dijeron que nos fuéramos con ellos. La idea original era que estuviéramos separados pues mis padres están divorciados, pero el amor al América, y el lleno del estadio, cambiaron los planes.

Gracias al “Buen hombre de allá arriba” pudimos finalmente esperar sentados el inicio del partido. Cuando finalmente llegó el momento en que sonó el himno de la Liga MX y los equipos salieron los nervios, esos de que incluso te hacen sentir hormigueos en las manos, comenzaron.

El inicio fue desastroso: Jesús Molina se fue expulsado, Teófilo Gutiérrez anotó para el Cruz Azul, que con eso se ponía 2-0 arriba en el global, y Raúl Jiménez falló un gol cantado.

En su momento, reconozco que pensé que el cambio de Diego Reyes por Miguel Layún que mandó Miguel Herrera era malo, esto ya que sentía que se necesitaba gente mucho más ofensiva. Christian Benítez estaba muy marcado y, como ya mencioné, Raúl andaba fallando. Entre todo, el coraje de lo que parecía una derrota segura me hizo explotar. Comencé a gritar como si tuviera a mi peor enemigo enfrente, eso hasta que mi esposa me puso una gritoniza para que le bajara a mi intensidad.columna_pete_3

Regañado, y sin que nadie me defendiera, ni por mi madre, no me quedó de otra que sentarme y tratar de ver lo más calmado posible el resto de la Final, lo que fue difícil porque Moisés Muñoz evitó dos goles, además de un poste para los celestes.

Al minuto 80, la mayoría de la afición americanista estaba callada, mientras que los visitantes eran todo lo contrario. Recuerdo a un celeste, un señor de unos 50 años, medio calvo, un poco pasado de peso que estaba unas filas abajo. No se metía con nadie, y nadie con él, y lo recuerdo bien por esa gran sonrisa y porque no paraba de ondear su bandera con un gran escudo del Cruz Azul en el centro.

Como no se veía por dónde, estaba lloviendo fuerte, y había miles de personas, muchas enojadas, mi familia decidió que lo mejor era salirse del estadio. Como la mejor amiga de mi esposa es cruzazulina decidimos quedarnos mi mujer y yo para que ella pudiera ver la ceremonia con el trofeo.

Esa decisión terminó siendo la mejor de todas. Al 88′, vino un centro que sin problemas rechazó la defensa celeste, pero el balón le cayó a Christian Bermúdez y éste recentró. Al caer el balón por fin alguien vestido de amarillo, que era Aquivaldo “El Capitán de Agua” Mosquera, remató y logró el gol.

Con eso, la afición amarilla despertó.

columna_pete_2Al 90+2′ vino el histórico remate de “Moi” y el gol que hizo rugir al Azteca de tal manera que podría jurar que en todos los rincones de la capital se escuchó.

Me volví loco por un momento, corrí por las escaleras, me abrace con un cuate atrás de mí y besé a mi esposa, que también perdía un poco el control. Su amiga simplemente se puso a jugar Angry Birds. “Ya sé cómo son”, nos dijo, previniendo la derrota de un equipo especialista en perder juegos ganados.

Mi familia volvió preguntando pues “¿qué pasó?”. Con la voz media ronca les conté la gran jugada del portero americanista.

Los tiempos extras los vimos de pie. Mi mente decía “siéntate”, pero mi cuerpo no respondía, sólo pedía a los dioses del futbol que cayera el tercer gol, pero Jesús Corona lo evitó, ¡dos veces!

Así llegaron los penales. Pese a todos mis años de americanista, era la primera vez que veía que las Águilas definieran un título por esta vía. La locura fue total, Cruz Azul falló los primeros dos y el América perfecto, e increíblemente fue Layún, ese tan criticado, incluso esa misma noche, el que terminó de darle la gloria al equipo.

La salida fue espectacular, entre cánticos y sin importar la lluvia. Algo increíble fue que todos los que pasamos junto a ese aficionado del azul de la bandera le dimos el “pésame”, y no fue en burla, en verdad lo sentimos pues esa tristeza que sus ojos transmitían la hemos sentido todos los amantes del futbol alguna vez.

Afuera, la lluvia golpeaba con furia y mi esposa se enojó porque se mojó los pies, pero tengo que admitir que malamente no me importó porque el América era el campeón.

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