Club América (1-1) Toluca: “Perdedores, Amargos y Pechofríos”

Las Águilas del América consumaron un nuevo fracaso tras lograr un miserable e insuficiente empate a un gol contra Toluca en pletórico Azteca que también se engulló a los locales.

La afición se dio cita en el Azteca desde temprano. El ambiente fue apoteósico desde que los utileros de Toluca salieron a la cancha. Un sonoro abucheo les dio la bienvenida y se intensificó cuando los choriceros saltaron al entrenamiento.

Cuando largo fue el cotejo, el “Vamos América” y el “¡Áaaaamerica, Águilas!” estuvieron presentes cada minuto mientras que a los visitantes se les presionaba con abucheos hasta reventar la garganta.

Y sin embargo, las Águilas generaron poco y nada. La meta de Volpi no fue avasallada y parecía que los emplumados, una vez que salieron de su zona de confort de temporada regular, quedaron pasmados, no supieron que hacer, no supieron reaccionar y no sabían ni qué intentar para tratar hacer daño.

El gol inicial del Toluca apagó más a los jugadores que al Estadio que no dejó de alentar en todo momento.

Algunos empezamos a sospechar desde temprano que esa película se parecía a una que hemos visto decenas de ocasiones con diferentes actores e idéntico resultado.

El gol de Zendejas trajo de vuelta cierta actitud positiva, pero el cronómetro siguió su marcha sin piedad.

Henry hizo explotar el Azteca sobre la hora, en tiempo casi imposible. Al fin apareció como le pedíamos y todo era hermandad y buena vibra en la tribuna hasta que se invalidó. Y todavía así, el estadio alentó y alentó pero el último patérico tiro de esquina de Roger puso el último clavo al ataúd.

Muchos jugadores se hicieron chiquitos. Otros lo confirmaron y ya tendremos oportunidad de hablar de ellos. Mejor intentemos ponerle algo de orden a este caos y empecemos por el técnico.

EL TANO

Novatísimo. Se casó con un once y siempre pareció que le daba miedo moverlo. Con todo y las críticas vertidas en las últimas semanas, Zendejas era el único que medio entendió como había que jugar y el premio fue sacarlo.

El América murió en ese momento.

Entraron Roger, Cabecita, Viñas y Aquino. Y sin embargo, el equipo no volvió a llegar mas que en esa última de Henry.

Su América no estuvo clasificado a la final ni un solo minuto en toda la serie. Jamás estuvo arriba en el marcador. Simplemente, murió de nada.

Absolutamente nada.

LOS WANNABES

América armó un “arsenal” entre el torneo pasado y este. Nadie en su sano juicio puede decir que al menos en nombres, no tenemos un equipo top del fútbol mexicano.

Lo triste es que el estadio también se comió a varios de ellos, especialmente los caros, los que se supone fueron traídos para ser solución en este tipo de etapas.

El Cabecita Rodríguez tuvo una serie nefasta. Cero peligro, cero disparos, cero todo. Es el típico uruguayito que cuando todo va bien, es el primero en apuntarse, pero si se requiere un héroe, se vuelve un refuerzo de pacotilla.

Diego Valdés demostró con esta segunda liguilla que si no es contra Puebla, no sucede nada con él. Le pusieron un gran balón a media altura en el primer tiempo para darle de volea y terminó en las nubes, pero peor aún, fue otro fantasma que deambuló por la cancha, presa del pánico. Que acepten cualquier oferta de cualquier liga de medio pelo en Europa. Tiene un pecho tan frío que no sorprenderá si este invierno cae nieve en el centro del país.

Así podemos mencionar a Roger que entró para intentar cambiar algo, pero jugó peor que nunca. No puede continuar más en Coapa. Ninguno de estos tres tiene que hacer nada como americanistas.

América necesita imperiosamente limpiar a esas ovejas negras que dejaron en claro que no están para grandes retos. Incluye en ese grupo a Richardcito que como siempre, brilló por su ausencia. Otro amargo de temporada regular. América tiene para liberar al menos cuatro plazas de extranjeros aunque bien sabemos que no sucederá porque “todos van a querer revancha” y como “el mundial no va a dejar planear”, no habrán cambios.

El problema para el Americanismo nunca es perder, porque es parte del juego. Morir de nada como ya es costumbre de estos estrellitas wannabe es lo que termina calentando hasta al más paciente.

Pudieron compensar veinte minutos y el América no iba a hacer el gol que necesitaba. Nunca se sintió en el ambiente que en cualquier momento se clasificaba. La mística de otras épocas se quedó en los recuerdos y tuvimos que conformarnos con ver la cabeza gacha de un equipo de perdedores.

Si eres de los que cree que las fallas de Ochoa y Lara nos sentenciaron, estás en tu derecho. Putéalos hasta que te hartes y ya. Al fin que no es la primera vez que se tapa el sol con un dedo.

El problema del América, es que no pudo ganarle a Toluca en su propia casa. Y no le pudo ganar porque tiene jugadores, especialmente en ataque, amarguísimos y pechofríos. Salvaría a Henry que apareció en la ida con asistencia y su gol nos había clasificado, y esto a pesar de que toda la serie contra Toluca fue como antes: sacar agua de las piedras porque nadie, de verdad, nadie, pudo ponerlo en ventaja contra el arquero enemigo.

Al final, cada quien según viva el fútbol y su pasión tendrá a sus sospechosos y culpables favoritos.

Me quedo en lo personal con que el Tano es un entrenador novato, y si por ahí se abre una chance de traer a otro, no lo vería con malos ojos. La calidez humana y la buena gestión son importantes, pero tampoco se puede casarse con un once toda la vida y pretender que nunca habrá que juzgar.

Me quedo con una decepción absoluta de lo presentado por los jugadores. Podría ir despedazando a cada uno, pero lo que se ve, no se juzga. Faltos de personalidad y carácter. Soberbios, sobrados, hasta que se dieron cuenta de que el oxígeno se estaba terminando a toda velocidad.

Muy poquitos entendieron qué se estaba jugando. Hasta el consentido Emilio Lara terminó siendo una llamarada de petate que debería seguir su carrera en Necaxa.

Nadie me quita de la cabeza que la eliminatoria contra Puebla causó un daño tremendo en la interna. Mientras todos se dieron semejantes golpizas en Cuartos, América ni se inmutó.

Toluca llegó con las huellas de la batalla contra Santos mientras que nuestros emplumados llegaron bien bañaditos y perfumados. Cuando los nuestros empezaron a necesitar mayores argumentos debido a que Toluca no es Puebla, se pasmaron y entregaron la eliminatoria.

Este equipo es súper comodino. No sabe sufrir, no sabe ponerle eso que hay que ponerle cuando el rival te está lanzando gancho tras gancho. Al final, cuando les cambiaron el guión y hubo que inventar algo para ganar, quedaron todos con una hoja en blanco.

El fútbol mexicano es muy así. Un equipo puede pasar de tener toda la confianza que da ganar cualquier cantidad de partidos a perderla y no volver a ganar en un buen rato. América llegó tarde a liguilla y cuando se dio cuenta, ya estaba fuera.

Como siempre, toca tragarse este nuevo papelón. Duele porque parecía que “ahora sí” se podría hacer algo. Porque se supone que habían argumentos ofensivos y defensivos para soñar, pero al final, el rostro auténtico de este equipo salió a flote y no es otro más que el rostro de los perdedores, porque eso es lo que son. Unos perdedores. Unos pobres niños ricos. Unos tipos cuyo único compromiso es con su cheque quincenal, porque pedirles sangre en las venas, es ser ilusos.

Somos demasiada afición para una banda de perdedores.

Y mientras sigan estos perdedores, el América seguirá acumulando años sin salir campeón.

AVISO

El podcast sobre este partido no tiene fecha todavía de salida. Entre que no tenemos garganta y las nulas ganas de revivir lo acontecido en este cotejo, queda en suspenso.

GRACIAS COMUNIDAD

Siempre es triste terminar un torneo sin campeonato. Desde el staff, solo queremos decirte gracias, porque sin el apoyo a todo lo que hacemos, sería muy aburrido hacerlo.

Más adelante estaremos de regreso con nuevos bríos. Ha sido una temporada larga, de muchísimas fechas dobles, y vendrán bien unos días de descanso. Sin embargo, estaremos atentos a las novedades que se den, pero honestamente, no esperamos nada pronto.

Lo más sano para todos, es disfrutar del mundial para olvidar este papelón del club de los perdedores y quizá en Enero, comenzar una temporada más aunque difícilmente alcanzará las cuotas de ilusión que se tenían en esta ocasión.

Ser americanista es un estilo de vida, pero, a veces es algo jodido.

Los americanistas somos ganadores, y sin embargo, nos representa un equipo de perdedores.

Sin embargo, la vida sigue. A disfrutar el domingo y que se jodan estos amargos, perdedores y pechofríos.

Un día volveremos a tener una club a la altura de esta afición.

Como diría Axl Rose en su mítica November Rain:

nothing lasts forever, even cold november rain.

(nada es para siempre, ni la fría lluvia de noviembre).

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