Tardes Mágicas: el inicio de una imponente racha.

En esta semana de Clásico Joven, recordaremos el enfrentamiento ocurrido en el Apertura 2004. No significaba gran cosa en la tabla, ya que ambos estaban eliminados de toda posibilidad de calificar, solamente el orgullo estaba en juego, aquí veríamos quién de los dos clubes sacaba más su amor propio, y le daba a su afición por lo menos una pequeña satisfacción en las jornadas finales.

Era el 13 de noviembre del 2004, nuestras Águilas tenían cuatro años y medio sin poder vencer en la liga a los celestes en cualquier cancha y seis años sin poderlos derrotar en nuestro Estadio Azteca; el Coloso de Santa Úrsula registró una muy buena entrada, demasiado para la calidad mostrada en ese torneo por ambos clubes… pero un clásico es un clásico.

Durante gran parte del partido hubo llegadas por ambas escuadras, pero sin concretarse, sin embargo , parecía que la racha de encuentros sin ganar seguiría, ya que a 18 minutos del final, César Delgado venció a Ricardo Martínez (Ochoa comenzaba a ser convocado para encuentros internacionales en el Tri Lavolpista) para poner adelante a los azules.

Pero la mística azulcrema, desaparecida en todo el torneo, se hizo presente en este encuentro a siete minutos del final, Pável Pardo mandó un servicio por su banda derecha, el Piojo López remató de cabeza, la pelota dio en el travesaño, y le cayó al “Gansito” Padilla, que sin ningún problema la mandó guardar.

El minuto 90 llegó, el arbitro añadió tres más y se presentó una gran oportunidad en un tiro de esquina para nuestros Cremas, dirigidos por el Capello Carrillo; balón al área, aparece el “Garrita” Ortiz y de cabeza la manda al fondo. Victoria 2 a 1, la primera que conseguimos ante la Máquina en el Azteca en este siglo XXI.

Sin saberlo, era la primera de siete victorias consecutivas que lograríamos ante el hijo predilecto del Americanismo, la racha más grande de triunfos en la historia del Clásico Joven.

Para el siguiente torneo, en nuestro camino al título les repetimos tres veces la dosis, marcando tres goles en cada encuentro. En el Apertura 2005, les ganamos en el Azteca, mientras que en el 2006, nos trajimos los seis puntos disputados en el Estadio Azul.

No solo eso, estos siete encuentros fueron parte de la racha más grande sin ser derrotados en este tipo de encuentros: 16, iniciada con un empate en el Apertura 2003, y concluida con un triunfo en el Bicentenario 2010.

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