Mi primer experiencia en el Azteca: “Simplemente increíble”

A pesar de ser un fanático empedernido del América de toda mi vida, de apoyarlo en las buenas y en las malas, de festejar victorias y títulos, de llorar humillantes derrotas y eliminaciones, nunca tuve la oportunidad de visitar el Estadio Azteca y así completar mi experiencia total como seguidor americanista, ya que, por mi condición de ciudadano fronterizo, la distancia no ayudaba mucho.

AMERICANISTA DE TODA LA VIDA

Durante mi adolescencia y temprana adultez (cuando realmente no tienes bien definidas tus prioridades) fui un “enfermo” por el América, no había nada que me importara más que ver a mis Águilas cada fin de semana buscando ganar la liga, o entre semana buscando hacerse un lugar en la historia continental tratando de llegar lejos en la Copa Libertadores, viendo verdaderos cracks vestidos de amarillo, desde mi ídolo Zaguinho, Farfán, Santos, Cesilio, pasando por Biyik, Kalusha, Cuauhtémoc, Adolfo Ríos, Zamorano, Ochoa, Benitez, entre decenas más.

Simplemente no había partido que me perdiera, que no viviera con una pasión incontrolable, misma que me llevó a hacer más de mil tonterías, donde gritaba los goles con toda mi fuerza, y en contraste, pataleaba y mentaba madres al por mayor cuando recibíamos una anotación.

Era un sentimiento muy bello, pero estaba incompleto, no podía completar ese amor por mi equipo porque nunca había ido a su casa a visitarlo; ya sea por cuestión económica, por compromisos y responsabilidades diversas, simplemente no había cumplido mi sueño de plantarme en el “Coloso de Santa Úrsula” para ver el más grande de todos.

SE ALINEARON LOS PLANETAS

No fue hasta hace escasos 3 meses (en el mes de mayo para ser precisos) que tuve el dinero y el tiempo necesarios para poder ir a la Ciudad de México (la cual tampoco había visitado), sin embargo, estaba consiente que la contingencia ambiental no permitiría vivir plenamente la experiencia de conocer la capital de nuestro país, ya que muchos lugares turísticos se encontraban cerrados (como gran aficionado a la lucha libre, lamentablemente no pude ir a la Arena México); pero al final, los planetas se alinearon a mi favor: El Estadio Azteca abriría sus puertas para el duelo de vuelta de los Cuartos de Final del torneo Guard1anes 2021, donde América recibiría a Pachuca.

Supuse que después de 1 año de no haber futbol en la CDMX, sería muy difícil conseguir boletos, por lo que iba resignado a que era muy probable no poder asistir al partido, pero afortunadamente mi buen colega del NidoStaff, Charly, cuando supo que andaría por aquellos rumbos, se vistió de héroe y consiguió las entradas para mí y mi esposa, además de Slash, por lo que por primera vez el núcleo del Staff estaría junto, NO LO PODÍA CREER.

MI CITA CON EL DESTINO

La fecha llegó, el 16 de mayo me planté frente al majestuoso Estadio Azteca, donde al dar un solo paso respiré un ambiente totalmente distinto, mismo que entró en mis pulmones y recorrió mi interior, llenándome de una energía y espíritu americanista pocas veces experimentado, y tras tomarnos algunas fotos en el exterior, pasar por los filtros sanitarios y de seguridad y después de un recorrido por los alrededores del inmueble, llegó la hora de entrar y contemplar el sagrado césped que ha sido pisado por leyendas nacionales e internacionales.

Al salir del túnel que da acceso a las gradas, la sensación fue indescriptible, un sueño hecho realidad, y con la melodiosa sinfonía de la obra maestra de Don Carlos Blanco de fondo, tuve mi primer contacto con la catedral de nuestro futbol, y más importante aún, la casa de mis Águilas del América; ni siquiera cuando conocí Disneylandia a mis tiernos 10 años quedé tan fascinado como esta ocasión a mis 38, pero en ambas ocasiones me sentí como un niño, no lo podía creer, ¡¡¡ESTOY EN EL ESTADIO AZTECA… Y VINE A VER JUGAR AL AMÉRICA!!!

La intoxicación que sentía era diferente, no comparable a la provocada por el alcohol, mismo que para esa ocasión se encontraba restringido dentro del estadio, pero al final una satisfacción de estar en el lugar que tanto había querido durante toda mi vida.

LLEGÓ LA HORA DE LA VERDAD

Ya durante el partido, el espectáculo no quedó para nada a deber, probablemente el juego más espectacular de los azulcremas desde que llegó Santiago Solari; fue una montaña rusa de emociones, ya que llegábamos con una desventaja importante, y ante un Pachuca que por lo regular es un rival que se nos indigesta sobremanera; los goles no faltaron, un trio de joyas obra de Roger, Fuentes y Leo Suárez hicieron vibrar y gritar a todos los americanistas que se dieron cita para este encuentro, el NidoStaff se abrazaba y tenía la esperanza de lograr la remontada, y nos quedamos cerca… muy cerca de avanzar a la semifinal, sin embargo, varios errores cometidos nos dejaron en la orilla.

Al final, al terminar el vaivén de sentimientos, las lágrimas salieron de mis ojos tras la pírrica batalla, algo que no me pasaba desde que era un chiquillo preparatoriano que no hacia otra cosa que ver el futbol en la televisión; mi esposa me consolaba, pero al final, el adulto que soy hoy día levantó la cara y tomó la experiencia como lo que realmente fue: un gran espectáculo, lleno de goles y emociones, pero sobre todo, cumpliendo una meta, un sueño, una vivencia que durante 90 minutos me rejuveneció más de 20 años y me hizo vivir un partido de futbol como ya había olvidado que podía hacerlo.

Dios bendiga al Club América, salve al Estadio Azteca y me permita volver en un futuro no muy lejano, y por qué no…. Ver en vivo a mis Águilas como campeones.

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