Los peligros de jugar fuera de casa

La mudanza forzada del América durante la remodelación del Estadio Azteca trae desafíos financieros y deportivos cruciales. ¡El Azteca es insustituible!

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La famosa remodelación del viejo inmueble de Santa Úrsula de cara a la Copa del Mundo 2026 se fue posponiendo hasta que fue imposible alargarla más.

El resultado es que América debe hacer las valijas y vivir en el equivalente a “hoteles de paso” por un período comprendido entre los doce y dieciocho meses.

En principio parecería que trae escasas repercusiones, al fin que la afición es numerosa y estará presente cualquier cancha. Apoyo no va a faltar en ningún momento. Sin embargo, América y el Estadio Azteca tienen una simbiosis especial.

El Coloso de Santa Úrsula es similar a esos perros fieles, que a veces pierden un tornillo y tratan de morder la mano del dueño, pero que, a la hora de la verdad, lo defenderán a muerte.

Imposible concebir el uno sin el otro.

Ahora que se habla de una potencial época dorada gracias al cuerpo técnico y plantel con que se encuentra, vale la pena detenerse a pensar en las potenciales repercusiones de jugar lejos de casa.

LA IMPORTANCIA DE MANTENERSE EN LA CAPITAL

Al jugador latino le cuestan los viajes, le cuesta jugar múltiples torneos y rápido acusan cansancio, que puede tener algo de verdad, pero les encanta victimizarse.

Por tanto, es importante mantenerse en la capital del país en algún estadio cercano para evitar viajes semanales. Entiéndase que se habla el Azulgrana o Ciudad Universitaria. Por cerca que estén Querétaro o Toluca (por dar un par de ejemplos), viajar es viajar.

Este semestre se juega Concachampions y se buscará el bicampeonato en torneos cortos. Partidos habrá de sobra.

PÉRDIDAS DE TAQUILLA

Supongamos que el elegido es el Estadio Azul con capacidad para 36,000 aficionados.

Es poco problema considerando que es la entrada promedio del América en temporada regular.

El tema serán los partidos de alto voltaje (Clásicos + Regios) y Liguilla.

América tiene dos opciones: duplicar el precio de los boletos para “quedar tablas”, con el riesgo de que los bolsillos Azulcremas puedan quedar cortos ante el nuevo costo, o bien, incurrir en pérdidas económicas al aceptar que “se dejaron de vender 35 a 40,000 boletos” como se hubiera podido hacer en el Azteca.

Tampoco hay que dejar de lado el tema de los patrocinios. El Azteca tiene grandes explanadas donde están cualquier cantidad de anunciantes. El Azul no cuenta con ella. Y por lógica, menos anunciantes, menos ingresos.

Es relevante este factor porque ayuda en materia de fichajes. Al rato no se quiere escuchar que no hay dinero para nuevos y emocionantes jugadores.

EL PESO DEL ESTADIO

América se siente cómodo casi en cualquier estadio, pero a los rivales sí les incomoda el Azteca, especialmente, en fases de liguilla o los Clásicos, que es donde ruge con la furia de ochenta mil almas.

Los estadios candidatos suelen tener —cuando mucho— la mitad de la capacidad del Azteca, y evidentemente, se está dando una ventaja.

¿Qué tienen en común los campeonatos del 2002 (Necaxa), 2005 (Tecos), 2013 (Cruz Azul), 2014 (Tigres), 2018 (Cruz Azul) y 2023 (Tigres)?

Se ganaron jugando la vuelta en casa.

¿Qué tienen en común los títulos perdidos en 2007 (Pachuca) y 2016 (Tigres)?

Ambas se perdieron jugando la vuelta de visitante.

Es innegable el peso que tiene el Azteca para instancias finales y no habrá estadio que pueda sustituirlo por mucho que esté en su capacidad máxima.

Y con todo el peso que tiene, incluso se han perdido dos finales ahí en la época reciente: 2013 (León) y 2019 (Rayados). Así que imagínate el reto de jugar en otras canchas que imponen menos.

No se trata de pretextos sino de realidades

Algún sector americanista (y la legión de “antiamericanistas”) dirá que en América no hay pretextos y que deben buscar el título sí o sí, aunque jueguen en una cancha de Tercera División.

Pero, con algunos de los argumentos expuestos, queda clara la importancia del Coloso de Santa Úrsula para el Club América. No es que ganar sin estadio sea imposible, sino que aumenta la dificultad, ya bastante elevada, de salir campeón.

Será de vital importancia que los jugadores americanistas entiendan que si bien el Azteca es el complemento perfecto, al final, rendir en la cancha es lo que sigue siendo el aspecto más relevante de un partido de fútbol.

Pero es cierto, el fútbol es un estado de ánimo, y mucho del ánimo reciente que ayudó a salir campeón, provino del Azteca.

¿Podrá el estadio sustituto ofrecer la misma magia y misticismo para jugadores y rivales?

Pronto lo descubriremos.

Mientras tanto, te vamos a extrañar, querido, a veces criticado, pero siempre amado, Estadio Azteca.

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