NidoAzulcrema
Las Águilas despidieron el torneo con tres derrotas al hilo

América cosechó lo que ha sembrado los últimos años. La decisión de apostar por jugadores en su mayoría medianos y entrenadores como Ambriz o La Volpe trajo frutos. Frutos negros. Frutos amargos.

Porque la eliminación del América ni siquiera causa sorpresa. Se venía cocinando a fuego lento desde aquel papelón en el Mundial de Clubes 2015. Pero siempre se minimizó. El argumento de Ricardo Peláez era que por ser América, todo se magnifica. Entonces venía el viejo discurso de “tenemos X liguillas consecutivas, tenemos Y títulos en Z años”.

Y así la llevaron en Coapa. Optaron por vivir en su pequeño Olimpo donde eran los Dioses que hacían todo bien. Perfección pura.

Del otro lado de la moneda estamos nosotros. Los que llevamos meses avisando que no tenemos plantel, que no podemos dejar el timón azulcrema en manos de cualquiera. Que urgían refuerzos en posiciones clave.

Mientras tanto, los Dioses de Coapa creían tener todo bajo control, al fin que seguían sumando liguillas e incluso se encontraron con una inesperada final que les dio mayor valentía para continuar con la osadía de creer que todo lo que tocaran se convertiría en oro.

El fútbol mexicano es tan benévolo que para darte cuenta de no estás bien, necesitas que la situación te explote en la cara porque las señales de que algo no marcha bien siempre se ignoran y minimizan. Es como cuando te duele algo pero no vas al médico porque te gusta pensar que no tienes nada y que la dolencia desaparecerá en un rato.

Es tan fácil clasificar a liguilla, que resulta sencillo barrer lo que no funciona bajo la alfombra una vez que se tiene el boleto en mano y seguir pretendiendo que todo es miel sobre hojuelas.

Pero incluso las alfombras tienen capacidad limitada y revientan cuando no pueden más. Las tres derrotas en fila son el resultado de una alfombra que explotó. Conferencia tras conferencia escuchábamos que el equipo seguía invicto en casa, escuchábamos que el plantel era suficiente y que la crítica era desmedida.

Lo que realmente pasaba, es que Marchesín y Oribe mantuvieron a flote al equipo con lances de un lado y goles oportunos del otro. Pero no, nos seguían vendiendo que esto era el resultado de trabajo en equipo. Que el entrenador había cambiado sus formas para volverse más práctico y que el resultado tenía prioridad por encima de las formas. Mentira. Mentira absoluta.

América necesita reinventarse. La era Peláez-Romano navegó con bandera de Ilusión, Ganas y Humildad. Esa bandera hay que guardarla en un baúl y tirar la llave dentro de un volcán.

Haz memoria. Los equipos de 2013 y 2014 que ganaron la liga, eran mejores planteles que los que se tuvieron en 2015, 2016 y 2017. Es decir, cuando se empezó con el tema de la Ilusión, Ganas y Humildad es cuando el proyecto empezó a resentirse.

Basta de entrenadores sin perfil adecuado para dirigir al Club América. Basta de jugadores medianos que corren sin parar pero que no tienen fútbol en los pies. Basta de dirigentes que construyan lo que consideran su versión del América en lugar de construir al Club América como lo manda su historia.

Que el nuevo discurso no sea “somos el único equipo que ha clasificado a 10 de las 11 últimas liguillas” porque entonces no habremos aprendido nada.

La pelota está ahora en el campo del dueño y directivos. ¿Qué harán con ella? ¿Seguirán viviendo en su pequeño Olimpo? ¿O se van a la granja a plantar nuevos árboles que traigan frutos dulces en el futuro cercano?

Esa es la cuestión querido(a) azulcrema. América es un club tan extraño, que no hay certeza de lo que vaya a ocurrir. Mientras tanto, nos quedamos sin fútbol hasta Julio.