La solución no está en los abucheos, pero nadie se atreverá a hacer lo que hay que hacer

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“Llevo yendo al Bernabéu como aficionado desde los 12, 13, 14 años y muchas veces abucheaban a Cristiano Ronaldo, qué nos iba a esperar a nosotros, que somos nadie y somos jugadores normales” — Álvaro Fidalgo

La relación entre el plantel y la afición está rota. El abucheo es el pan de cada día, apuntando a uno y otro sin piedad.

¿Que son merecidos?

Se presta a debate.

Por una parte, se entiende que la afición esté cansada de que su equipo, supuestamente grande, esté cursando su año cinco sin trofeo.

Se entiende porque son mejores los abucheos que increparles o abordarlos en el aeropuerto.

Se entiende porque se sabe que son mejores jugadores de lo que demuestran.

Pero, por otro lado, ¿con qué derecho se abuchea a jugadores profesionales?

El sentido de pertenencia con un equipo de fútbol no da beneficios adicionales como tener derecho a perder las formas (abucheos, mentadas de madre y diversos insultos), aunque parezca que sí.

Es tan sencillo como que si el producto (en este caso, el Club América) no gusta, debe evitarse su consumo y que cada quien siga por su lado hasta que las condiciones vuelvan a ser óptimas para ambas partes.

Parece imposible, pero es lo que debería ser si se desea ver cambios reales.

Ningún abucheo ha solucionado nada en el fútbol.

El día que den ese poder a la gente, ese día se retiran los jugadores.

En América han sido abucheados en algún momento: Óscar Jiménez, Miguel Layún, Emilio Lara, Sebastián Cáceres, Henry Martín, Álvaro Fidalgo y Diego Valdés.

Son siete elementos del plantel actual (más los que se sumen en los próximos meses) por lo que debería plantearse la siguiente interrogante: ¿es normal que en un equipo se abuchee a tantos jugadores? ¿Es sano?

La queja no faltará en aeropuertos, entrenamientos o cualquier lugar donde se les encuentre: “son unos mamones, sangrones, idiotas, no quieren pararse a dar una foto o un autógrafo cuando se deben a nosotros.”

Se sabe que la afición Azulcrema es exigente.

Quiere ganar siempre.

Quiere ganar jugando bien al fútbol.

Es normal que haya pesimismo en el ambiente.

Es normal que la desesperación se imponga.

Y, aun así, el abucheo sigue sin ser la solución.

Habría que analizar el tema desde más arriba: si el plantel recibe abucheos con frecuencia, habría que replantearse si está conformado por jugadores que puedan con la presión de jugar en un equipo grande.

Si se llega a la conclusión de que no cumplen con el perfil que debería tener un jugador americanista, debería analizarse quién o quiénes fueron los encargados de contratarlos.

Si esa persona encargada de contratarlos tampoco encaja con el perfil, debe irse todavía más arriba para conocer a la persona que lo permite: el dueño.

¿Al dueño le interesa su equipo?

Sí, pero no lo suficiente. Mientras sea negocio (operando con números negros), siempre hay margen de maniobra para “aguantar un poco más”.

¿Y cómo se evita que siga siendo negocio?

Dejando de consumir.

Algo que para el aficionado, es imposible.

Algo a lo que nunca se atreverá.

Y por eso es que están encadenados a esta relación tóxica con el Club América: te amo y te odio al mismo tiempo.

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