NidoAzulcrema
uniforme
Siempre alentó la pasión azulcrema de sus hijos.

NidoCrónicas es un conjunto de historias redactadas por miembros e invitados del Staff de NidoAzulcrema donde, con miras a celebrar el Centenario del Club, nos dan una pequeña muestra de cómo se vive el americanismo.

Una de mis primeras playeras del América, no sé bien si la primera, fue un regalo de mi abuela. Era por ahí de 1986 con el modelo clásico de la V. Incluía short y calcetas. Era, y sigue siendo, una de mis posesiones más preciadas.

Mi abuela aprendió a querer al América gracias a su marido, mi abuelo, quien era ferviente seguidor azulcrema desde la época amateur. Juntos asistían al entonces Estadio de la Ciudad de los Deportes a ver a los llamados Canarios.

Cuando el cáncer decidió llevarse a mi abuelo en 1965, durante la batalla ante dicha enfermedad mi abuela rezaba todos los fines de semana para que los azulcremas ganaran, que era la única vez que mi abuelo salía de su cuarto donde estaba hospitalizado. Cuando ganaban, era una semana buena medicamente hablando, cuando no, se complicaban más las cosas.

La vida quiso que se fuera un 15 diciembre, días después, el América se alzaba como campeón tras 37 años de sequía. En su féretro, ese aficionado azulcrema se llevó un recorte del periódico que daba cuenta de los goles de Chalo Fragoso y del Coco Gómez. Y en su lápida un banderín con el escudo americanista lo ha acompañado desde que le dieron el último adiós.

Fue entonces que mi abuela decidió ya no ver al América, sin embargo, siempre alentó la pasión azulcrema de sus hijos y, más tarde, la de sus nietos. Siempre que el América salía campeón una visita al panteón a dejar el periódico con la hazaña azulcrema era obligatoria.

Sin embargo, la vida sigue su curso y llegó noviembre de 1999, era ella entonces quien estaba hospitalizada en terapia intensiva por una neumonía que se le complicó. Cuando la cosa no pintaba nada bien, mi tío, quien estoy seguro que tuvo que tomar una de las decisiones más complicadas de su vida, fue a la casa de su madre, misma que tenía semanas sin su inquilina, caminó hasta la recámara, abrió la cajonera y tomó lo que fue a buscar.

Dicho objeto estuvo guardado en el hospital, en espera que no fuera necesario utilizarlo, sin embargo, por la mañana de un triste 19 de noviembre llegó la llamada tan temida a mi casa. Mi abuela se había ido.

Al ser un día laboral tuve que irme a la Universidad, más adelante alcanzaría a mi familia en el velatorio.

El ataúd estaba abierto, tardé en tomar valor para acercarme a despedirme, cuando lo hice vi a mi abuela que por fin descansaba y noté algo más, sobresalía en su pecho una playera del América, la última que sacó Adidas, amarilla con el escudo en grande del lado izquierdo. Los botones que acompañaron esa edición bien cerrados.

Entonces recordé algo que mi abuela dijo siempre: “Cuando yo me muera quiero que me entierren con una playera del América para cuando llegue al cielo le diga a Armando, mira, yo sí tengo una y tú no”.

Estoy seguro que así fue.