El último de los Ochenta… Y del siglo.

Los ochenta fueron una década inolvidable, una década única, por eso habemos tantas “viudas ochenteras” como dicen los jóvenes que idolatran a Arroyo, Ibarra, Menéz o Castillo.

Deseamos con todo el corazón que alguna vez se pueda superar la brillantez que tuvo nuestro glorioso club en ese lapso de diez grandes años de dominio, aunque se ve muy complicado que algún grupo de jugadores iguale tan fantásticas hazañas.

El final de los gloriosos 80 estaba por llegar, ya lo habíamos ganado todo: una final con Clásico Nacional, un par de finales ante los Pumas, la Concacaf y el Campeón de Campeones, ¿que más se podía pedir? ¡Claro, HABÍA ALGO MÁS QUE PODÍAMOS PEDIR!, ya el rival tapatío y los del Pedregal, dos de nuestros tres rivales más odiados ya habían caído ante nuestro poderío. Faltaba uno, con el cual teníamos cuentas pendientes, ya que, hasta ese entonces, era el único equipo que nos había ganado una final de Liga: el Cruz Azul.

La liguilla de ese torneo fue diferente, dos grupos semifinales de cuatro equipos, a round robin, y el primero del sector iba a la disputa por el campeonato.

Luego de ganar a lo América su cuadrangular semifinal, goleando en la última fecha a los Tecos por 4-0 (necesitábamos ganar por tres tantos en ese juego), y lo mejor de todo: eliminando al máximo rival jalisciense, tendríamos que enfrentar al equipo más dominante de la década previa, la Máquina Cementera, que había ganado su grupo semifinal angustiosamente, ya que fueron goleados en la última jornada ante los Pumas, pero un empate del Tampico en casa del Atlante, puso a los cementeros en la final.

El encuentro de ida se disputó el 13 de julio de 1989, sacamos una ventaja mínima de tres tantos a dos, gracias a Luis Roberto Alves “Zaguinho”, Carlos Hermosillo y Antonio Carlos Santos.

Para la vuelta, el 16 de julio, ante un Coloso de Santa Úrsula a reventar, las Águilas de Don Jorge Vieira, se fueron pronto arriba al minuto 6, con una grandiosa jugada, que inició Zaguinho por la ¿derecha?… si, por la derecha, ahí donde rara vez lo veíamos, el hijo del Lobo Solitario tocó a Juan Hernández, éste tocó de tres dedos a Alex Dominguez, y de manera perfecta la mandó nuevamente al “Cheché” que cruzó ante la salida de Larios. El título era casi nuestro, parecía que tendríamos una final tranquila, pero el Pato Hernández y Ricardo Mojica no opinaban lo mismo y pusieron arriba a los celestes en el mismo primer tiempo. Agregando además, la lesión que dejó fuera del encuentro al enorme “Capitán Furia”, Alfredo Tena Garduño.

Global 4-4, con ventaja nuestra por el gol de visitante, por lo que los cementerios siguieron buscando el gol que los pusiera arriba en el acumulado, pero Adrián Chávez le quitó una gran oportunidad a Pedro Duana, para mantener el resultado positivo.

Para la segunda parte, los azules querían marcar el gol del título, lo buscaron de mil formas. En uno de sus ataques, Porfirio Jiménez se perfilaba para ingresar al área, de manera valiente Gonzalo Farfán se barre, y toca para el “Negro” Santos, que arrancó desde media cancha, envió un pase magistral hacia la derecha, donde, ingresando al área, Carlos Hermosillo, con un disparo cruzado, venció a Larios. ERAMOS LOS BICAMPEONES.

Empate a dos en el juego, global 5-4. El decimosegundo título de liga había llegado.

Gran cierre de la década (en cuanto a ligas, porque días después ganaríamos el Campeón de Campeones por segundo año consecutivo), venciendo a nuestros tres grandes rivales en juegos por la máxima corona del futbol mexicano.

Lamentablemente, vendría una década miserable, y no ganaríamos un título de liga más en el siglo veinte.

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