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Y para eso hay que resolver el misterio…
Y para eso hay que resolver el misterio…

No creo decir una mentira si señalo que la mayoría del americanismo sueña con un equipo que despliegue un fútbol espectacular.

Los cambios recurrentes en nombres y parado táctico dejan entrever que la estrategia y once ideal del Club América permanecen como un misterio sin resolver.

Creo con firmeza que la diferencia entre grandes entrenadores y los demás consiste en saber potenciar las virtudes y limitar los defectos de un equipo en lugar de imponer un estilo difícil de implementar sin el material adecuado.

Antes de pensar en un América espectacular, hagamos un inventario de nuestros recursos y mantengamos la clasificación de manera simple:

Generadores: Su labor principal es dar pases para gol.
Rematadores: Necesitan de los Generadores para causar daño.
Independientes: Inventan sus propias oportunidades de gol.

Si los ordenamos según estas cualidades, los atacantes quedarían repartidos de la siguiente manera:

Generadores: Sambueza, Martínez e Ibarra.
Rematadores: Peralta y Romero.
Independientes: Quintero y Arroyo.

La escasez de jugadores Independientes es evidente. Darwin está lesionado hasta nuevo aviso y Arroyo es una incógnita.

La única certeza es que tenemos tres Generadores y un par de Rematadores.

El sentido común indica que para obtener el mejor rendimiento habría que crear oportunidades para Oribe y Romero porque sus características los hacen depender de los Generadores. El problema es que ni Sambueza ni Martínez han sido constantes en lo que mejor saben hacer.

Y no hay manera de ser constante si la pelota está alejada de sus pies. Pareciera que el timonel sigue sin descubrir la mejor estrategia defensiva para el equipo.

No podemos hablar de presionar a la salida porque para ello se requieren jugadores ligeros. De nuestros atacantes, Ibarra y Darwin caerían bajo ese rubro. Uno es suplente y el otro regresa hasta el último tramo del torneo.

Por tanto, ganar el medio campo es imprescindible para evitar sobrecargar a la defensa. La incógnita es saber qué hay que hacer para ganar esa zona. Sambueza tiene 32 años y Martínez se unió hace poco al club de los 30. Los futbolistas pierden condiciones físicas conforme ganan edad y mientras más tiempo transcurra, tendrán menor capacidad de perseguir rivales cuan largo es el partido.

Sigamos hacia abajo en las posiciones. Guerrero tiene 28 pero no es un jugador que se caracterice por presionar a los rivales por doquier. Da Silva tiene 29 aunque su potencia física es superior a cualquiera de los mediocampistas citados hasta ahora. Sin embargo, su rol no está definido al grado de que se le ha visto como contención, volante ofensivo y hasta de lateral izquierdo sin que en alguna posición haya lucido.

Nuestro mediocampo se ha vuelto viejo (en edad de fútbol) y pesado. El más ligero es Sambueza pero es el de mayor edad y propenso a lesiones. Por tanto, debería estar en los planes refrescar esta zona en el próximo mercado de fichajes.

Una posible solución

La clave para recuperar el sector medio recae en Javier Güémez. Es joven, tiene poderío físico y el fuelle suficiente para presionar a los rivales a lo ancho del campo. Tendrá que madurar con rapidez y reclamar ese puesto que está en la edad óptima para imponerse a cualquier compañero.

Pero nadie gana la guerra solo. Lo ideal sería dar prioridad defensiva a Osvaldo y formar un doble escudo para que los rivales dejen de transitar con facilidad y se recupere cuanto antes la esférica.

De paso, se aprovecha el buen pie de Martínez para sorprender con filtraciones a Ibarra o cambios de frente para Sambueza.

De esta forma volvemos a la premisa inicial sobre potenciar nuestras cualidades: surtir balones a los Rematadores por medio de nuestros mejores Generadores.

El bonus de recuperar el sector medio es que la defensa no tendrá la sobrecarga de trabajo a la que ha sido sometida durante los últimos meses. No es lo mismo detener a ofensores que han encontrado obstáculos en la mitad de la cancha que enfrentarlos cuando atacan a toda velocidad.

Conclusión

Para pensar en un América espectacular, primero hay que jugar bien.

Para jugar bien, hay que hacer un inventario de cualidades que habrán de potenciarse y defectos que habrán de limitarse.

Tratar de correr antes de aprender a caminar es sencillamente imposible.

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