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Peláez no ha estado a la altura del América

Fue en noviembre de 2011 cuando Yon de Luisa anunció la conclusión del proyecto que encabezaba Michel Bauer con Luis Roberto Alves Zague y Alfredo Tena. A partir de entonces comenzó la era de Ricardo Peláez como presidente deportivo, la cual ha estado marcada por los contrastes.

En su primera conferencia de prensa se comprometió a trabajar con humildad, responsabilidad, a contratar extranjeros que marcaran diferencia. Hizo énfasis en la necesidad de conjugar todos estos factores para lograr lo que América merece y arribar así al año del centenario respaldado de varios títulos.

Un cúmulo de declaraciones acorde a lo que se espera de un directivo que parecía estar consciente de lo que implica el equipo más relevante del país. Sin embargo, pese a los años que lleva en Coapa y de haber sido azulcrema, creo que no ha comprendido lo que significa este club.

Está claro que su llegada al cargo respondió al hecho de ser “gente de casa”, empleado de la empresa del dueño y por haber sido parte del entorno. Y es obvio que bajo el comportamiento actual de los altos mandos no se puede esperar que la dirigencia tenga ADN americanista, pero lo que sí se tiene que exigir de ellos es un absoluto profesionalismo y el respeto a la esencia de estos colores.

Desde el momento en que comenzó el proceso de fichajes, Peláez dejó en evidencia que no estaba preparado para lidiar con un área primordial. Le dijo a la prensa que pensaba que todo eso de las contrataciones era más fácil, pero que ya se había dado cuenta que era muy complicado, especialmente cuando son de fuera.

Sin duda esas palabras han marcado su gestión, de principio a fin. Ha expresado muchas veces lo difícil que es conseguir que otra institución te venda a determinado jugador, como si fuera parte de una escuadra que acaba de incorporarse al máximo circuito y que no cuenta con respaldo alguno.

Y todo esto ha quedado reflejado en sus diversas elecciones. El primer foráneo que trajo fue Oswaldo Vizcarrondo, cuya historia y desenlace conocemos muy bien. Posteriormente apostó por un jugador como Rubens Sambueza, que era parte de un equipo que perdió la categoría.

Más adelante anunció a Osvaldo Martínez, un elemento que no contaba con fundamentos para portar el 10. Asimismo, apareció Narciso Mina, con ciertas referencias en su país, pero su presencia se debió en gran medida a la recomendación de un compatriota.

En el Apertura 2013 sumó a Luis Gabriel Rey para suplir a alguien del peso de Christian Benítez, y a Andrés Andrade. Sí, un colombiano que tiene ciertas cualidades pero que contaba con pocos antecedentes de regularidad, de estabilidad; por ello hoy está con Jaguares de Chiapas.

Antes de irse con la selección mexicana, conociendo la importancia de reforzar el ataque, presentó a Andrés Ríos, quien mostró tantas condiciones que fue enviado a los leones negros. Y finalmente Pablo Aguilar, hombre de confianza de Antonio Mohamed.

En su regreso al nido apareció Michael Arroyo y pese a la partida de un futbolista clave como Raúl Jiménez, no se logró la transferencia de alguien más. Se mencionaron varios nombres, aparentemente fue el ecuatoriano Jonathan González quien estuvo más cerca. No obstante, según Peláez, no se concretó porque doblaron el precio del préstamo.

Así que en casi tres años que lleva al frente de América, el único de fuera originalmente que ha funcionado es Rubens Sambueza. Esto sin olvidar las intermitencias y lesiones del México-argentino. Aguilar y Arroyo son “recientes”; Martínez y Rey, aunque ya son mexicanos, viven de chispazos y son prácticamente unos fantasmas en la cancha. El resto se ha ido. No ha cumplido con su compromiso de traer foráneos que marquen diferencia.

Aquí no se puede permitir esto, no se está para experimentar. No es posible que se traigan elementos que duren un torneo. Tampoco es decoroso recurrir constantemente a clubes menores para fortalecerse y con ello darle a cualquiera la oportunidad de vestir la camiseta del más grande. O no llevar a cabo visorias y por ello firmar al que esté disponible o sea barato.

Como lo expresó Emilio padre, América debe ser el lobo feroz del fútbol mexicano. Ese que infunda miedo y respeto, el que compra a los mejores extranjeros, el que siempre está en lo más alto luchando y consiguiendo campeonatos.

En cambio lo que se ha escuchado del presidente una y otra vez es que se compra a un desconocido por sus ganas y compromiso. Igualmente que no se pudo hacer venir a otro porque era muy caro. Y qué decir de las súper estrellas, esas desde hace rato no tienen cabida porque para él es una locura traer a alguien como Ronaldinho.

Es un hecho que Ricardo Peláez ha sido un buen aporte en otros aspectos, pero en este ha sido un fiasco. Le ha dado el visto bueno a todos esos malos fichajes. No le ha dado estabilidad a la plantilla con las pésimas decisiones y a todos los ha exhibido como grandes refuerzos.

Siempre existirá la posibilidad de que alguna contratación no resulte como se esperaba, pero se está más cerca del éxito cuando está respaldada. Y esto es lo que debe entender, hay que apostar a lo más destacado, jamás conformarse. Nunca olvidar que está al frente del mejor.

Ojalá que mientras permanezca en este puesto asimile lo anterior, porque como lo expresó inicialmente, lo que este club merece es ser campeón constantemente. Y esto será posible cuando se trabaje en función de la exigencia y grandeza de esta institución.