NidoAzulcrema
Un personaje, sin duda.
Un personaje, sin duda.

En los últimos días el director técnico de la selección mexicana de futbol ha estado en el centro del debate futbolero; ya sea por sus declaraciones, por el desempeño futbolístico del tri, y hasta por los anuncios comerciales y políticos que realiza.

Nosotros, como pueblo Azulcrema, conocemos bien al llamado “Piojo”, ya que estuvo al frente del América durante 2 años, ganando un título de liga. Así que si hay alguna voz autorizada para opinar acerca de Miguel Herrera, es la voz de los americanistas; por lo que en la presente columna intentaré hablar de manera objetiva y crítica del desempeño futbolístico de nuestro ex entrenador.

Miguel Herrera era conocido por hacer que sus equipos jugaran de manera alegre y ofensiva, tanto de local como de visitante; con una formación tan bien definida, que difícilmente era modificada en algún partido. Ésta manera de jugar le valió cierto reconocimiento en el medio futbolero, aunque los éxitos deportivos nunca llegaron, ya sea perdiendo de local en dos finales, o sufriendo un descenso a la Primera A. Con esas credenciales llegó al América en el Clausura 2012, llevado por el entonces novel director deportivo, Ricardo Peláez.

A lo largo de su estancia en la escuadra Azulcrema, Miguel Herrera demostró lo mismo que había hecho con anterioridad: practicó un juego ofensivo y vistoso pero desequilibrado y en ocasiones desbocado, provocando que estuviera en la parte alta de la tabla general, pero que al llegar a instancias definitorias era derrotado con cierta facilidad por equipos con mejor plantel y mejores directores técnicos, tal y como sucedió contra el Monterrey de Vucetich y el Toluca de Meza.

Aunado a lo anterior, Miguel Herrera comenzó su etapa en el América con las pésimas costumbres que siempre ha tenido: reclamar constantemente las decisiones arbitrales, discutir airadamente con los rivales y hacerse expulsar con bastante frecuencia. Aunque cabe señalar en éste punto que gracias a la intervención de Ricardo Peláez, paulatinamente se vio a un Miguel Herrera menos acelerado, ya sin hacerse expulsar con la habitualidad conocida, y sin engancharse con los rivales y los periodistas.

Así las cosas, en el Clausura 2013, el América dirigido por Miguel Herrera era un equipo trabajado y maduro, con un estilo de juego bien definido pero con pocas (y hasta nulas) variantes tácticas, con un plantel muy competitivo, con jugadores en gran momento, escogidos y formados al gusto del entrenador y de su forma de juego. El equipo Azulcrema dominó casi en su totalidad la fase regular, imponiendo condiciones a sus rivales en cuartos de final y semifinal, teniendo en Christian Benítez (qepd) a su arma letal, al crack que definía los encuentros cuando estaba en entredicho la victoria americanista.

Con esas características, el América llegó a la final de ese torneo para enfrentar al Cruz Azul. Tanto en el partido de ida como en el de vuelta, el rival demostró ser mejor que las Águilas, en ambos cotejos el América lució inoperante e impotente, maniatado tácticamente por el planteamiento propuesto por Guillermo Vázquez, quien no tuvo problema para nulificar el predecible sistema que Miguel Herrera siempre ha usado como entrenador.

Sin embargo, el futbol es mitad mente y mitad corazón, y si bien el Cruz Azul fue superior en lo táctico y en lo estratégico, el América nunca bajó los brazos, ni siquiera en los momentos donde parecía que todo estaba perdido; manifestando una de las grandes características de los equipos del “Piojo” Herrera: jamás bajan la guardia, así vayan ganando o perdiendo, ya sea de local o de visitante. Y fue gracias a ese coraje y pundonor, que la escuadra Azulcrema obtuvo el título de liga, en un desenlace que hizo de esa final, la más recordada de todos los tiempos; regalándole a la afición americanista un campeonato que jamás olvidará.

Para el siguiente torneo, el equipo americanista siguió comandando la liga, a pesar de que perdió punch al ataque por la salida del “Chucho” Benítez (qepd), su mejor jugador y su referente a la ofensiva. Sin embargo, el siempre inoportuno llamado de la selección nacional hizo que toda la escuadra Azulcrema se distrajera y perdiera el enfoque, ya que todos estaban pensando en el repechaje mundialista y en la copa que se celebró en Brasil.

No obstante lo anterior, a las Águilas les alcanzó para llegar de nueva cuenta a la final del torneo; pero en esa ocasión las ganas y el corazón no fueron suficientes, la predecible forma de juego de Miguel Herrera sucumbió ante un equipo que tenía uno de los sistemas qué más le hace daño a los lavolpistas, y que contaba con buenos jugadores que estaban en su mejor momento. Así llegaba a su fin la era de Miguel Herrera en el América, con una escandalosa goleada en el mismísimo Estadio Azteca.

A los americanistas no nos debe de sorprender lo que está ocurriendo actualmente con el director técnico del tritanic. Conocemos muy bien a Miguel Herrera como entrenador: sus equipos siempre van al frente pero carecen de equilibrio; intentan dar espectáculo pero son desbocados; siempre juegan a lo mismo, siendo presa fácil de equipos mejor dirigidos tácticamente; sus equipos podrán dar espacios en la defensa pero jamás bajarán los brazos, no se rinden hasta que suena el silbatazo final; aunado a lo anterior, sabemos que si el “Piojo” no tiene a nadie que pueda controlar sus arranques, se seguirá enfrascando con facilidad en constantes polémicas con los rivales, con los árbitros, y con los periodistas. Por lo que no sería ninguna sorpresa que los éxitos deportivos no llegasen en esta etapa del tricolor.

Así es Miguel Herrera, a sol y sombra.