Los Fieles Paisanos Azulcremas

Vivir un encuentro de las Águilas en territorio estadounidense es una experiencia única.

Gente originaria de todos los estados mexicanos y la raza nacida de este lado (Estados Unidos), con herencia familiar futbolera y que quizá nunca hayan tenido la oportunidad de presenciar un juego oficial de su equipo en territorio azteca. Y no sólo eso, anglosajones enfundados en las camisetas azulcremas y tricolores gritando: “Ochoa, Ochoa”, admirando un deporte que cada vez es más común en la tierra del “otro football”.

Generalmente los encuentros del famoso “Tour Águila” llegan en fechas FIFA, lo cual priva a los paisanos de ver a los equipos con plantel estelar, por lo que observar a las Águilas en un encuentro oficial era un suceso que ningún americanista quería perderse, a pesar del “abuso” que los poseedores de abonos de los Timbers cometieron, revendiendo los boletos en 5, 6 y hasta 10 veces más de lo original a los apasionados, fieles y nobles fanáticos del club más grande de la zona.

Tres horas antes del arranque del encuentro, el casi centenario Estadio Multnomah (hoy con nombre de un patrocinador, como en casi todos los inmuebles deportivos estadounidenses) comenzaba a convertirse en una pequeña sucursal del Coloso de Santa Úrsula, con venta de mercancía diversa del América, del Tri y esas graciosas y peculiares camisas mitad Ame, mitad México. En otro punto de la ciudad, los aficionados se reunían afuera del hotel de concentración para desearle muy buena suerte a los nuestros en este paso más rumbo al octavo título de la confederación.

Dentro del estadio, con las restricciones actuales, el dominio americanista era impresionante, más notorio aún cuando un sonoro abucheo acompañó la entrada del equipo local… de similares proporciones a los abucheos que ellos mismos reciben en sus visitas al estadio de Seattle en los (cada vez más intensos) “Clásicos del Noroeste”. Situación que fue mejorando para los locales mientras se acercaba el inicio del encuentro, aunque jamás fueron mayoría.

Inició el encuentro, había dominio de los nuestros, pero eso no se notaba en el marcador. Lo que sí se notaba ya era la inquietud Americanista en la tribuna porque aún el equipo no encontraba el gol de la tranquilidad… Gol que vino a caer segundos antes del descanso.

Lejos de caerse, Portland estuvo encima en gran parte del segundo tiempo, América no tuvo una sola oportunidad clara de gol en el complemento y consiguieron la igualada al final con polémica incluida.

El encuentro termina, pero aún no la acostumbrada aventura del aficionado de este lado, que aún en tiempos de pandemia, se reúne a las afueras de la salida principal del estadio, con la esperanza de recibir un autógrafo en su camiseta, o sacarse la foto con alguno de los miembros del plantel. Otros más no pueden esperar, su vuelo sale en unas 2 o 3 horas, y otros tantos deben manejar algunas horas a ciudades más cercanas porque hay que continuar al siguiente día, muy temprano, con la rutina diaria, pero que importa… es el Club América, y vale la pena el “sacrificio”.

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