NidoAzulcrema
José Romano y Ricardo Peláez
José Romano y Ricardo Peláez

Las águilas comienzan una nueva temporada, y lo hacen tal como concluyeron el Clausura 2015; envueltas en polémica, en medio de diversos comentarios debido a las controversiales decisiones que la directiva ha venido tomando en los últimos meses. Una suma de decisiones que nuevamente tendrá que ser desafiada.

En diciembre de 2014 los de Coapa levantaban el trofeo de la mano de Antonio Mohamed, su título número doce que los consagraba oficialmente, como el más ganador de México. Todo esto por encima del cúmulo de rumores que rodeaba al vestidor, de ese ambiente tan turbio, de las limitaciones de aquel grupo.

Pero los altos mandos tenían muy claro lo que venía sin importar lo que sucediera en aquella liguilla. Mohamed no sería renovado por razones que hasta hoy Ricardo Peláez se niega a establecer claramente, Gustavo Matosas sería su sustituto y se optaría por fichar a jugadores que Tony había solicitado anteriormente.

Cuando se decide romper un proceso debe haber argumentos, sustento, al igual que determinaciones que respalden el futuro inmediato. Si se sabía que Matosas llegaría, ¿por qué no se aguardó su plena incorporación para que configurara la plantilla de acuerdo a su idea futbolística?

Matosas, que como lo expresó continuamente, es un entrenador que tiene un estilo definido y bajo ninguna circunstancia lo cambiará. El mensaje estuvo claro de principio a fin, no estaba dispuesto ni podía adaptarse a sus elementos. Y esto era de conocimiento general, no se trataba de alguien ajeno al medio. Para que su paso fuera fructífero debía contar con las piezas exactas.

Tomando esto en cuenta es inconcebible que seis meses más tarde, luego de haberse firmado un contrato por dos años, se anuncie a otro estratega. Todo esto bajo el simple pretexto de, no nos pusimos de acuerdo en las contrataciones, tenemos que respetar un presupuesto. Así que entre versiones configuradas, entre el choque de egos, hay que volver a empezar.

Ahora le han otorgado a Ignacio Ambriz la responsabilidad. Un DT al que evidentemente le faltan merecimientos y experiencia para encarar la tarea. Además, le otorgaron poco margen de maniobra con los refuerzos, Adrián Marín, Andrés Andrade, Gil Burón, Javier Güémez y acentuándolo con lo acontecido en el tema de Alberto García.

Por instantes nos hacen viajar en el tiempo, regresar a aquellos años en que hacer tantos cambios de forma constante era algo tan común. Aquellos años donde se pasó por épocas muy difíciles y donde se actuaba apresuradamente. A partir de ello resulta realmente insólita la fragilidad de muchas de las resoluciones actuales e increíbles los golpes de timón en los campos azulcremas.

¿Cuántas veces se ha escuchado en conferencia de prensa la palabra proyecto?, y ese famoso proyecto se reinicia incesantemente. ¿Cuántas veces se ha permitido que futbolistas sin jerarquía porten esta camiseta? ¿Cuántos fichajes acorde a la exigencia del club se hacen habitualmente?

La realidad es que cada campaña hay que afrontar “inconvenientes” de algún ámbito y múltiples justificaciones para cubrir las carencias. Cada campaña llega acompañada de esa sensación, con mejores y meditadas determinaciones, América podría dominar la liga tranquilamente. Pero por una u otra razón, la historia se repite.

En este momento no queda más que volver a retar al presente, afrontarlo de la mejor manera posible. Hay que escudarse en el trabajo, mucho trabajo para que se logre una gran conjunción entre  el plantel y el cuerpo técnico. Hay que aspirar  a que Ignacio Ambriz aproveche el gran escaparate que tiene ante sí y se consagre.

Hay que reinventarse, como se ha vuelto costumbre. El único camino que parece existir en esa búsqueda del éxito cuando hay vacíos, cuando se crean bases endebles, bases propias de una institución cualquiera del fútbol mexicano y no una que se asume como mas la más grande y que está tan cerca de celebrar su centenario.