NidoAzulcrema
“No voy a cambiar algo que ha funcionado…”
“No voy a cambiar algo que ha funcionado…”

América consiguió su título número doce en el Apertura 2014. Hace ya un año y medio de ello. Y aunque es obvio que en el fútbol hay condicionantes y que a veces no se puede ganar; esto no vale de pretexto para la directiva. No puede alardear como lo ha hecho con los resultados obtenidos. 


“Llevamos nueve liguillas consecutivas, tenemos cuatro títulos: dos internacionales y dos locales…”.


No puede presumir estadísticas porque no ha hecho un esfuerzo absoluto para darle al club las mejores herramientas para trascender. No ha hecho de las águilas un equipo representativo de lo que su esencia, su historia y su jerarquía demandan.

Desde el momento en que se decidió que Ignacio Ambriz fuera el responsable de la dirección técnica, se debió tener claro que está aprendiendo y que le falta mucho para consolidarse. Carece de categoría para manejar un vestidor como el azulcrema y para sacar adelante situaciones complejas. En múltiples ocasiones se ha visto superado por el entorno.

Y luce muy cómodo justificarse con el pasado, con las circunstancias, argumentando que lo mismo sucedió cuando Miguel Herrera fue designado, al haber sido muy criticado por no tener méritos para llegar a Coapa.

Y la verdad es que no hay margen de comparación. Se trata de realidades absolutamente contrastantes. Cada uno llegó bajo escenarios muy distintos. Uno precedido por una absoluta inestabilidad, el otro con la exigencia de “continuar un proyecto”. Pero en ningún caso, ni Herrera ni Ambriz poseen el perfil ideal.

Así que no se puede regresar convenientemente a esos años para tratar de imponer una decisión a la que le falta sustento. Y más cuando los números de los que tanto se habla están ahí. Suma ya dos torneos fracasando y se hizo el ridículo en el mundial de clubes. 


Pese a ello, fue ratificado en el cargo sin tomar en cuenta esos papelones y sin importarles que venga la celebración del centenario. Hay que ser claros, se percibe que Ignacio Ambriz es un hombre trabajador, que trata de dar lo mejor de sí. Pero en una institución como esta no se viene a experimentar.

Igualmente hay que señalar que las limitaciones del estratega no eximen la actitud y rendimiento de muchos futbolistas en momentos claves. En este sentido los altos mandos deben asumir esa responsabilidad en primera instancia.

Porque son ellos lo que se sentaron el precedente, permitiendo que cuando se presente algún problema, los jugadores sean los últimos en irse. Así que la indisciplina es consecuencia mayormente de esa sobreprotección a muchos elementos.

Ahora viene el Apertura 2016 y con las presentaciones de Renato Ibarra, Bruno Valdez y Silvio Romero, Peláez reitera:

“Queremos jugadores que estén ilusionados, que vengan a aportar y sumarse este proyecto… Ningún entrenador, ningún entrenador y ningún jugador nos van a venir a hacer campeones. Ellos vienen a ser campeones con la estructura que existe…”.

Con estas declaraciones vuelve a quedar en evidencia. Se enorgullece mucho una estructura que se ha debilitado con el paso del tiempo, que no ha sido reforzada y los fiascos en los últimos campeonatos lo dejan muy claro.

¿Dónde están esos referentes que te ganan los partidos, que aparecen en los instantes más complicados? ¿Dónde está el Christian Benítez que tuvo Miguel Herrera? ¿Dónde está el estratega que sabe sacarle el máximo a su plantel y pese a sus flaquezas, pueda coronarse?

Las águilas de hoy no cuentan con figuras, con ídolos como un Cuauhtémoc Blanco. Tampoco ostentan un entrenador de primer nivel. Entonces, ¿qué es lo que identifica a este grupo? ¿A qué estructura se refiere?

Aparentemente a una de la que se espera que mágicamente resuelva la carencia de talento y liderazgo de la plantilla y/o cuerpo técnico. Una que siga apelando a la garra cuando las dificultades superan sus alcances.


“Vamos a ganar algo, o la Copa o la Liga o el Mundial de clubes… Ese es el compromiso y para eso está diseñado este equipo…”.

Tiene razón, parece que nuevamente diseñaron a este equipo para ser un simple competidor y no un claro aspirante. Un equipo al que le es suficiente acumular participaciones y no le interesa sumar triunfos. Un equipo tan gris que se conforma con clasificaciones a liguilla.

La era Peláez comenzó como algo prometedor. Sin embargo, conforme se fue avanzando se creyó haber descubierto la fórmula del éxito, esa famosa estructura de la que tanto habla. Si así fuera, se estarían jactando de más títulos, de una escuadra con estilo, con gran personalidad; de todo eso no existe.


“No voy a cambiar algo que ha funcionado…”.

Pero mientras se continúe pensando de esa forma, con una dirigencia incapaz de reconocer los errores cometidos y que establece parámetros tan bajos, se seguirá pasando por encima del Club América.

Se seguirá creando una burbuja inundada de palabras vacías, de números intrascendentes, porque eso es lo único que pueden rescatar aquellos que no saben lo que significan estos 100 años de grandeza.