NidoAzulcrema
"…muchos terminan envueltos en sus propios fantasmas."
“…muchos terminan envueltos en sus propios fantasmas.”

No todos los jugadores son para todos los equipos. Más allá de su jerarquía, de su calidad, de sus antecedentes, en cada institución hay un cúmulo de factores que los ponen a prueba. Y su capacidad para superarlos es la que los conduce a la consagración o a un rotundo fracaso.



No hace falta recordar el número de referencias con las que llegó Darwin Quintero a Coapa, sus más de 100 goles en el fútbol mexicano, lo que hizo como referente de la escuadra lagunera. Sin embargo, han pasado casi dos torneos y todavía está lejos de cumplir con lo que se espera de él. 



Pero se invirtieron varios millones de dólares en el colombiano, se le firmó según se dice, por cuatro años. Se generaron muchísimas expectativas por su reencuentro con Oribe, se le señaló como fichaje “bomba”. Y sabiendo cómo se maneja la directiva azulcrema en el tema de las contrataciones, es probable que se le siga teniendo paciencia como se ha hecho con tantos futbolistas que no tenían su cartel.



De ser así, creo que se debe trabajar en la debilidad evidente del sudamericano, el aspecto mental, increíblemente. Y es increíble porque prácticamente todos los que se dedican a este deporte aspiran a ser parte del más grande del país, pero cuando al final lo consiguen, muchos terminan envueltos en sus propios fantasmas.



Su primer torneo fue muy malo, pasó inadvertido, 322 minutos, un solo gol. No es que de la noche a la mañana se haya convertido en un terrible elemento, porque más allá de que pueda ser tachado de sobrevalorado, Quintero no es mal jugador.

Estaba el proceso de transición, el pasar de un club regional al más importante de México. Él mismo lo ha reconocido, en Santos él era la figura, marcaba la pauta, mientras que en América se encontró con un grupo base que viene trabajando hace varias temporadas, y lo hace de otra manera.



En el Apertura 2015 ha rebasado su participación anterior y ha tenido algunos buenos momentos. Curiosamente las dos anotaciones que ha marcado ha sido entrando de cambio. No obstante, no ha alcanzado la regularidad necesaria. Y por encima de las fallas que cualquiera puede tener, lo inquietante de Darwin es que en algunos lapsos de los encuentros luce carente de actitud, carente de esfuerzo.



Por los campos azulcremas han pasado diversos futbolistas que tampoco tuvieron el mejor inicio, tardaron en adaptarse. Aún así debe llegar un instante en el que se debe analizar a profundidad lo más conveniente para ambos sectores.

Aunque hay que ser realistas, así como se presentó el regreso de Andrés Andrade, parece mejor darle tiempo a Darwin en lugar de que apostar por esos “refuerzos” propios de la división de Ascenso porque hay un presupuesto “limitado” y a los altos mandos no les gusta hacer cuantiosos cambios.



Al final, la dirigencia es la única responsable de haber invertido esa suma en un elemento probado, sí, pero que era un ícono de otro equipo, un equipo que lo catapultó en el medio nacional. Ese es el precio que se debe pagar por no cumplir con labor de visorias y traer a sus propios extranjeros como lo hacen los del norte.



Por eso mismo no se puede obligar a que alguien tan identificado con otros colores se envuelva en la mística azulcrema. Lo que se le debe exigir a Darwin es profesionalismo, compromiso, convicción, que deje todo en la cancha por los que ahora representa.



Ojalá que lo entienda así y en un corto plazo saque su mejor versión, que se adecúe en definitiva al entorno de América porque no lo veo saliendo pronto. De él dependerá ser parte de la historia o irse como lo han hecho tantos, entre la crítica, el rechazo y paulatinamente, el “olvido”.