Lo que está sucediendo no es algo nuevo, torneo tras torneo se leen y escuchan los mismos comentarios cada vez que los resultados esperados no llegan, especialmente después de perder un encuentro importante. Periodistas, cronistas y algunos aficionados reprochan incesantemente a los directivos cada uno de los tropiezos. Esto se ha vuelto algo endémico y ha permitido acaparar la atención en un grupo muy pequeño de personas, mientras que otras se han hecho "intocables".
¿Es apropiado hacer responsable de todo lo que ocurre a Michel Bauer, que fue sacado de su zona de confort y se convirtió en presidente del América de un día a otro; a Yon de Luisa, que aunque ya tiene mucho tiempo vinculado al club, pareciera que ve su labor únicamente como un trabajo más o a Jaime Ordiales que nunca entenderá lo que significa ser parte de él?
¿Acaso Diego Cervantes, Juan Carlos Valenzuela, Daniel Montenegro y la interminable lista de jugadores que nunca debieron llegar al nido, deciden cuando sí y cuando no deben ser parte del cuadro titular?
Es muy sencillo dirigir a la atención a los "blancos" más endebles y disculpar a los que gozan del apoyo y simpatía de la mayoría, cuando debe ser al contrario. Son los que se hacen llamar americanistas (el dueño, el director técnico, los canteranos) los que deben ser exigidos y responder por la situación actual.
Ha servido muy poco que el máximo jerarca haya pasado prácticamente toda su vida en los campos de Coapa, en el estadio Azteca observando a muchos de los futbolistas que le dieron prestigio, títulos, que lo hicieron grande, si no ha podido reflejar todas esas experiencias en el manejo del equipo y como consecuencia, se hayan obtenido escasos logros desde que tomó en control, hace ya más de diez años.
Carlos Reinoso, un ícono y el crítico más severo de todos aquellos que no saben lo que representa portar esta camiseta, consiguió en primera instancia infundir mayor compromiso y garra en algunos elementos, pero se está traicionando a él mismo, al América, a los seguidores al actuar como un estratega ajeno al lugar donde se convirtió en figura, alineando a Miguel Layún, a Nicolás Olivera, tirando por la borda los múltiples discursos que hizo desde las gradas cuando Jesús Ramírez o Manuel Lapuente ocupaban el banquillo. ¿No es consciente que jamás deberían haber sido contratados y que no entienden ni entenderán lo que implica ser parte de esta institución? El tener un plantel limitado como lo ha manifestado, no es excusa; hay fuerzas básicas, es preferible recurrir a los jóvenes, darles la oportunidad de mostrarse, que caer derrotados con este tipo de elementos.
De los hechos en casa se puede rescatar muy poco. Guillermo Ochoa ha dejado de ser la figura, aquel portero imbatible que cargaba con el peso de la playera y salvaba marcadores, y no lo es más porque en su mente está muy lejos del balompié mexicano. Ángel Reyna sigue siendo el mismo de siempre, disperso, irregular; de brillantes o de desastrosas actuaciones; muy lejos de convertirse en un símbolo. Óscar Rojas pasa por un pésimo momento. De Enrique Esqueda, Daniel Márquez y demás, no hay mucho que comentar, luce cada vez más remoto el día en que logren consolidarse y de Israel Martínez, nada que decir.
Es innegable, los "altos mandos" han mostrado una incapacidad absoluta para realizar la labor que se les ha encomendado, pero ellos no se autonombraron, así que por lo tanto, ¿debemos tener cimentadas nuestras esperanzas en gente que evidentemente no puede ni podrá volver a colocar a esta escuadra en los primeros planos y que quizá en algunos meses esté muy lejos de Coapa? ¿Son ellos los que deben responder a todas las críticas? No se debe permitir que la pasión, las circunstancias o la condición de ídolo de la que gozan muchos de los que anteriormente mencionamos, se impongan.
Porque estamos hablando del América, aquí no hay cabida para pretextos, para demagogia y el amor por los colores se debe demostrar día con día. Cuando se designa a la dirigencia; cuando se elige al once inicial, a la hora de estar en la cancha, ahí se demuestra la jerarquía. Son las verdaderas águilas las que tienen que sacar al equipo adelante, ya que si ellos no lo hacen, se seguirá condenado a que los Bauer, los de Luisa y los Ordiales continúen arrastrando el prestigio, pisoteando la historia azulcrema y terminen transformando a este club, en uno más de la Primera División.



