6000 mil aficionados se pararon el día miércoles 14 de septiembre en el Estadio Azteca, una entrada paupérrima para un partido del América en miércoles por la noche, con boletos a 95 pesos y con niños gratis. Un día que era casi casi viernes por el puente de los 15 de septiembre.
No tiene que pasar desapercibido lo que pasó. La hinchada azulcrema no sólo está molesta por el mal paso del equipo, no, está herida por lo que el dueño, dirigentes, cuerpo técnico y jugadores le están haciendo a su escudo y a su equipo.
Reinoso grita a los cuatro vientos que es el americanista número uno del país, y yo veo que no es así, ningún americanista le haría daño así al equipo que ama. No, en este momento en Coapa los únicos azulcremas de verdad están trabajando en las fuerzas básicas, Tena, Huerta, Trejo, son ellos a los que sí les creo. En la directiva está Zague nada más, ni Ordiales, ni Portilla, ni Bauer pueden decirse americanistas si tienen al equipo así, hundido en la mediocridad y siendo el hazmerreir de todo el fútbol mexicano.
Durante todo el Clausura 2008, en todos los partidos de local del América, yo estuve en la tribuna junto con miles de azulcremas. Vimos como el equipo de Romano se hundía y se hundía. Estuvimos en aquel día histórico que una derrota ante el Atlante nos sentenció a ser último lugar de la tabla por primera vez en la historia. Pero nunca claudicamos, todos los domingos nos poníamos nuestra casaca y nos encaminábamos a las gradas del coloso. En mi caso, N¡nunca llegaba tarde, nunca me salía antes de tiempo, me quedaba a ver los 90 minutos completitos sin importar el marcador final.
La razón de lo anterior era muy clara, independientemente de nuestro amor inconmensurable así las Águilas del América, ese equipo, el que fue el último lugar de la tabla general, tenía amor propio. Sí, sobraban los petardos como Richard Núñez, pero estaba Ochoa y Cabañas quienes se la partían. Los chavos eran de pésimo nivel, como Íñigo y Cervantes, pero nunca bajaban los brazos, siempre defendiendo los colores con sus evidentes limitaciones. El mismo Cervantes alguna vez hasta salió con lágrimas en los ojos por el constante fracaso del equipo.
Por eso yo siempre estuve ahí, siempre los seguí, igual que el resto de la nación azulcrema.
Hoy la cosa es diferente, en papel tenemos mejor plantel, tenemos un técnico que se supone ama al equipo más que nadie pero el amor propio se ha ido, muy pocos saben como defender la casaca azulcrema, sólo los que Tena, Huerta y Cecilio han tenido bajo su tutela. Los jugadores experimentados y los extranjeros están para llorar. Al terminar cada partido los chavos, aquellos los que han encontrado más obstáculos en casa que otra cosa, son los que se van enojados, mientras que los otros cambian camisetas como si nada. Pero los chavos Sub-20 no están para cargar con la responsabilidad del equipo, ellos deberían ser arropados por gente de experiencia pero en la realidad no sucede así.
Lo peor de todo, es que pareciera que no hay nadie que intente solucionar las cosas. Todo está mal hecho. Las contrataciones son malas, las decisiones internas pésimas, a los chavos canteranos no se les da el suficiente juego, hasta la campaña de publicidad es una basura. No hay planeación ni a largo ni mediano plazo.
Por ello estamos dolidos, este torneo nada más he ido un par de veces al estadio. Antes, hubiera hecho todo lo posible para salirme de la oficina y estar en un juego nocturno de entre semana, esta vez no fue así, simplemente no me interesó ir. ¿Para qué? Y así como yo, miles de hinchas están dolidos y desesperados, el equipo de nuestros amores se está muriendo. Nosotros no paramos de hacer sacrificios por el equipo, pero como respuesta tenemos mediocridad, burlas y basura y más basura.
La afición azulcrema ha aguanta todo, en las primeras épocas la estoica hinchada aguantó 30 años sin títulos, luego fuimos testigo de los años de gloria. En los noventas, a pesar de no ganar nada, el equipo se moría siempre en la raya y por eso no faltábamos al estadio, pero ahora no, ahora nuestro modo de vida es la mediocridad, calificar a la liguilla es el único logro que tenemos y eso ni siquiera pasa seguido.
La hinchada no abandonará al equipo, no, claro que no. Primero muerto a dejar de ser azulcrema, pero tiene que haber una reciprocidad del equipo. De continuar el paso y como van las cosas, los famosos “awantes” serán cada día menos, y la hinchada exigente poco a poco se cansará de exigir ante la basura que es el América actual. Entonces, la afición se volverá en una pasiva porque así es el equipo.
Será realmente lamentable que los 6000 mil aficionados se vuelva una constante en el Azteca, así le pasó al Necaxa, y que el equipo se convierta en esos que aspiran a la media tabla y llegar a la liguilla será nuestra única meta.
Siento mucho lo que pasa, especialmente lo que le toca vivir a las nuevas generaciones águila. Yo tuve la suerte de vivir los ochentas. Yo vi al América coronarse ante Chivas, seguí por tele los títulos ante Pumas y Cruz Azul. Pude jugar y soñar que era Héctor Miguel Zelada, el “Ruso” Brailovsky, Alfredo Tena. Vi jugar a Ortega, Zague, Santos y muchos más. Los chicos de hoy no tienen nada en Coapa que les haga ilusión. En el plantel actual no hay un símbolo ni un solo jugador que transpire americanismo.
Pero a la vez, tristemente veo que me estoy convirtiendo en eso de lo que tanto me burlaba y criticaba, sí, en unos años seré de esos señores que hablarán nada más de las glorias pasadas de su equipo. Seré como esos viejitos que andan por ahí hablando de su “Campeonísimo” o de su Cruz Azul de los 70’s. Espero que en unos años no esté contándole a mis hijos, y a quien quiera escuchar, que por ahí de los años 80 había un equipo que arrollaba e infundía miedo llamado Águilas del América.
Sin embargo, busco y busco, y espero y espero y nada. Por ningún lado veo señales de que por fin habrá el cambio esperado en Coapa para retomar nuestro camino como el grande de México.
No quedará más que sufrir a esta América.



