Hoy hace 95 unos chavos amantes del fútbol decidieron reunirse en los campos de la Condesa para armar un equipo. Por la fecha, la nueva escuadra terminó llamándose América.
De esos 95 años de existencia, mi familia ha seguido al equipo en por lo menos 75. Mi abuelo, luego mis padres, luego mis hermanos y yo, y hoy, la siguiente generación.
Hemos estado con el América en las buenas, en las malas y en las muy malas. Hemos gritado cada gol y hemos lamentado cada anotación en contra. Hemos celebrado cada triunfo así como sufrido cada derrota. Hemos llorado campeonatos como eliminaciones. En estos años, ciento de locuras han girado alrededor del América, escape de funerales para ir al estadio, entierros con playeras del América, viajes intercontinentales para ver un juego y muchas más.
No entendemos la vida sin fútbol, sin el estadio y sin mis queridas Águilas del América.
Hoy el América está hundido en una gran crisis, el dueño no aparece, la directiva está perdida, el cuerpo técnico no sabe qué hacer y los jugadores son en su mayoría pura basura. Pero no todo es malo, la cantera está renaciendo y en unos años serán el pilar del equipo y de los buenos resultados.
Sin embargo, el América es más, mucho más de lo que hoy está en Coapa. Los jugadores eventualmente se irán, lo mismo hará Bauer, pero nosotros, la hinchada así como la propia institución seguirá de pie y trascenderemos los años.
Para muchos azulcremas hoy no hay nada que celebrar, para otros, como yo, sí hay algo que festejar. Para mí, el América va más allá de un simple equipo de fútbol, es mi pasión y es mi locura.
Águila ayer, hoy, y más allá de la muerte.
FELICIDADES CLUB AMÉRICA.



