A mí parecer, al América sí le robaron, como lo ha declarado recientemente Michel Bauer. Sin embargo, no le robaron el partido contra Pachuca, como lo cree Bauer, sino la identidad, la personalidad, la pasión, la entrega y todo lo que era en sí el América. Lo que quiero decir es que este “América” de hoy no tiene nada que ver con el de otros tiempos, con el que era ganador, contundente, espectacular y temido por sus rivales. Sí, ese América que, además, era tan odiado y repudiado como tan amado, adorado y venerado, que tantas pasiones levantaba, que tantas críticas despertaba y del que todo el país estaba al tanto ya sea para bien o para mal. Ese América, amigos lectores, ya no existe. Por eso, digo yo, sí hubo robo.
¿Quién fue el ladrón? Paradójicamente, se lo robó Emilio Azcárraga Jean, dueño del equipo. ¿Cómo es esto posible? ¿Se puede que alguien se robe algo que ya posee? Estricta y lógicamente hablando, no: si algo ya es mío, no me lo puedo robar. Pero lo que sí puedo hacer es despojar ese algo de sus atributos hasta convertirlo en algo totalmente distinto. En ese sentido, sí es posible “robar” algo que ya es nuestro. Y eso es justamente lo que ha hecho el señor Azcárraga: ha despojado al América de lo que era el América. En otras palabras, se ha robado al equipo, lo ha deshecho, lo ha desmoronado.
Por eso, las Águilas ya no espantan a nadie, sus seguidores se desaniman cada vez que siguen un partido del equipo, los rivales se lucen ante los de amarillo, etcétera. Sí, hay que aceptarlo: cualquiera puede vencer al “poderoso” América; el América de antes ya no existe: nos lo robaron. ¿Y cómo no va a ser esto así cuando el dueño del equipo no da un comino por el mismo? Por ejemplo, ¿de veras el señor Azcárraga no se da cuenta que la gestión de Bauer ha sido un fracaso absoluto desde el punto de vista deportivo? ¿De veras no piensa Azcárraga Jean que tiene a un demente como técnico de las Águilas? ¿O acaso no es de locos, de orates, de desquiciados, declarar, como lo hizo La Puente, que él está al nivel de Mourinho y Guardiola? ¿En serio Azcárraga no ve nada de esto? ¿No se entera de nada? ¿Él también ha enloquecido y cree que, efectivamente, La Puente es tan buen técnico como Mourinho y Guardiola?
Si Azcárraga no se da cuenta de nada de esto, entonces el equipo no le interesa o, de plano, don Emilio no sabe un carajo de futbol. Y si sí se da cuenta, entonces es un negligente, un irresponsable, que no quiere/no puede levantar a las Águilas. El punto es que, se dé cuenta o no (es peor si sí se da cuenta y no hace nada al respecto o lo que hace fracasa), Azcárraga está destruyendo a los de amarillo, los está minando, los está llevando al barranco. Poco a poco, a propósito o por falta de cuidado, lo que ha pasado es que, como ya decía, el dueño mismo del América se robó la identidad del equipo, su mística, su estilo, el amor por la camiseta que cada jugador amarillo solía sentir por la misma, etcétera.
¿Dónde quedaron los Alfredos Tena, los Zelada, los Zague, los Blanco, los Bravo, los Ortega, los Brailovsky, los Batatas, los Outes, los Santos y un larguísimo etcétera? ¿Dónde están los sustitutos de esos grandes jugadores que hicieron del equipo una leyenda, en su momento viviente, y ahora nada más eso, es decir, una leyenda? Los mencionados sustitutos no aparecen por ningún lado porque, para empezar, el propietario del club no es, ni de lejos, lo que fue su abuelo ni, mucho menos, lo que fue su padre, al menos en términos de lo que al América se refiere. Así, no sorprende que los directivos, jugadores y cuerpo técnico de las Águilas ya no sean como eran antes: el equipo está podrido desde la cabeza misma. De hecho, insisto: esa misma cabeza se ha robado la esencia de las Águilas; nos ha dejado sin el equipo que conocíamos. El proceso no fue inmediato y tal vez muchos no se daban cuenta de lo que ocurría, pero, el caso está en que Azcárraga está destruyendo a las Águilas, ya sea por omisión o por acción o por ambas cosas.
¡Qué tristeza, caray! Nada más de recordar que, como ya lo comenté, algún día se trató el equipo más querido, más temido, más respetado y más odiado de todo el país para luego ver que, al día de hoy, se trata de un conjunto del montón, la verdad dan ganas de llorar. ¿Qué nos queda, pues, del gran América, de ese que nos robaron? Pues sólo lo que ha dejado Azcárraga Jean después de haber ultrajado el legado futbolístico de su padre: nada.
Ojalá, ojalá de verdad, que algún día Azcárraga se deje de babosadas con relación al América. Insisto: ojalá.


